EN ESTE ESPACIO PONGO A DISPOSICIÓN DE QUIENLE INTERESES LOS RESUMENES Y ANÁLISIS DE LOS DIVERSOS TEXTOS QUE HE LEÍDO CON RELACIÓN AL ÁREA DE LA PSICOLOGÍA.

Friday, July 10, 2009

TRAS LA HONORABLE FACHADA

Resumen: Tras La Honorable Fachada
Autor: Juan Luis Linares y Carmen Campos. Clase del 27 de octubre de 2005.

DEPRESIÓN MAYOR

UN PACIENTE EMPAREJADO.


El depresivo mayor es uno de los pocos pacientes psiquiátricos que, de forma sistemática y significativa se empareja, junto con el bipolar. Varias son las explicaciones: 1) La tardía aparición del trastorno (edad adulta) 2) El ciclo vital se ve menos alterado y el emparejamiento se produce antes de la masiva irrupción de los síntomas 3) La buena adaptación social del depresivo mayor hace que se mantengan los hábitos culturales, entre los que aún se cuenta el emparejamiento 4) La evolución del trastorno cursa por fases, que incluían remisión total de los síntomas, durante los cuales la adaptación social y receptividad para contraer matrimonio eran óptimas. Junto a lo anterior no hay que olvidar la importancia de los factores relacionales tanto en lo familiar como en lo social.

En general el paciente bipolar sufre de hiperconyugalidad compleja teñida de dependencia, dando por resultado una complementariedad rígida. Además la hipersociabilidad del depresivo mayor lo hace particularmente sensible a las presiones ambientales. Las estadísticas apuntan a que este trastorno se presenta más en mujeres que en hombres. La familia tradicional reservaba el papel sumiso a la mujer, por ello cuadra mejor en ese trastorno, ya que al hombre se le pide que luche, mientras que la mujer se le pide que se deje proteger.
.
LA FAMILIA DE ORIGEN.

La familia del depresivo mayor se caracteriza por presentar una buena relación de pareja entre los padres, pero que tratan de mala manera al paciente porque no asumen bien sus roles parentales, por tanto influye negativamente el vínculo parentofilial en la relación de la familia. Los hijos no pueden ingresar al sistema parental, porque los padres no necesitan alianzas de los hijos. Los padres del depresivo mayor han sido clasificado en tipos como:

1) Narcisista. Aquí se comunica autosuficiencia al hijo y lo critican con frases como “no hace nada bien” subyace una actitud crítica y casi despectiva hacia el hijo, porque como padres se sienten “perfectos” y atribuyen muchas veces la causa de sus males indirectamente a sus hijos, o discuten a menudo por el hijo.

2) Desigualdad entre los padres: uno de los padres es dominante y otro es sumiso o enfermizo. Aquí la pareja funciona de forma complementaria. La figura fuerte envía mensajes al hijo como “¡tienes que cuidar a tu pobre madre!” y la débil acepta la definición reforzándola ante su niño.

En resumen la relación se caracteriza por: no ser triangularizadora, pero a la vez es poco nutriente. Un padre rechaza al hijo y otro lo sobreprotege. El rechazante es cercano al hijo (aunque sea agresivo) y el sobreprotector es lejano y su calidez resulta ineficaz.

UNA NUTRICIÓN EMOCIONAL HIPOTECADA.

Al paciente le falta sentirse valorado y además posee una alta exigencia dada por sentada en la familia, porque no es explicita. Estas altas exigencias pueden vivirse desde edades muy precoces y, en determinadas circunstancias pueden conducir al niño al suicidio. Esta falta de apoyo familiar y alta exigencia pueden convertir los pequeños episodios en hechos tormentosos por no contar con una familia que apoye al niño, y también porque existen hermanos que reciben un trato diferente por razones que pueden depender del ciclo vital de los padres, del género o de múltiples y aleatorios factores.

ORGANIZACIÓN Y MITOLOGÍA FAMILIAR.

Este exceso de normativa guarda relación con la organización familiar a nivel cognitivo, donde los valores y creencias, asumidos por todos rígidamente, encierran un culto a las apariencias, a “lo que está bien” y a “lo que debe ser”. Los rituales expresan a nivel pragmático una rigidez coherente con la que se detecta a nivel cognitivo ejemplo: reuniones familiares a las que no se puede faltar y en donde se presentan secuencias y hechos que no se alteran como: el mejor trozo de pavo al padre y a un determinado hermano. Si un miembro no participa existe una amenaza tácita de descalificación.



El clima emocional en la familia del depresivo mayor es, por lo general “correcto” con cordialidad en las relaciones superficiales. No es que no haya cariño, sino que la exigencia y la normativa lo enfrían considerablemente. Los ingredientes en el clima emocional son 1) Valores y creencias exigentes en la esfera cognitiva, 2) Rituales rígidos en la pragmática y 3) Clima emocional frío. La organización en la familia se caracteriza por un aglutinamiento que no se corresponde con la situación relacional imperante a niveles más profundos. En efecto el desligamiento suele aparecer, principalmente, en las relaciones intersubsistémicas.

El exceso de exigencia y normativa crea una situación de hipersocialización, de la cual, es también el paciente el principal exponente, porque en la remisión de sus síntomas veremos a una persona especialmente preocupada por responder a las expectativas de los demás.


ESPACIO COGNITIVO (valores y creencias)
ESPACIO PRAGMÁTICO (rituales)
ESPACIO EMOCIONAL (clima emocional)
Culto a las apariencias: “lo que está bien” “lo que se debe” “el que dirán”
Rígidos, con asignación de roles no intercambiables. De obligado cumplimiento. exigencia
Apariencia cordial y nutricia. Corrección. Fondo frío: crítica y descalificación.

IDENTIDAD Y NARRATIVA DEL DEPRESIVO.

La identidad del depresivo se construye, en efecto, sobre esta imperiosa necesidad de ser y hacer lo que los otros significativos esperan que sea y haga. Desde esta perspectiva, adquiere una nueva dimensión la imagen del depresivo sumido en la enfermedad. No son sólo los síntomas lo que lo aplastan, sino que por encima de la tristeza, de la inhibición, de la abulia, incluso de las tendencias suicidas, gravita el peso de la hipersociabilidad condenada a la frustración y el fracaso. Por eso también se infravalora y descalifica generando una tristeza aún mayor.

Las funciones de una parentalidad nutricia son 1) Que sea reconocedora y valoradora a nivel cognitivo, 2) Que comunique cariño y ternura a nivel emocional y 3) Que facilite una buena socialización a nivel pragmático. Estas funciones generan normalidad y protección. La infravaloración provoca, a su vez, un fracaso en la socialización, una hipertrofia de las funciones normativas frente a las funciones protectoras de desarrollo precario, y además, deja una huella en la identidad llena de exigencia y normatividad. La identidad de este tipo de pacientes es difícil de modificar, porque el sujeto se reconoce plenamente en esa determinada imagen, y niega alguna posibilidad de negociación.

La narrativa también organiza la experiencia relacional, manteniéndola abierta con transacciones con el entorno. En ella cabe narraciones diversas, más marcadas por constructos de identidad algunas y más flexibles y negociables otras. Una parte importante de la narrativa individual es única, irrepetible, y como las huellas dactilares, diferencia al sujeto de cualquier otro a través de su singularísima manera de construir el universo y de inscribirse a sí mismo en él. Pero por otra parte, puede mostrar redundancias notables entre diversos sujetos como resultado de la similitud de ciertas experiencias vividas.

Es así, como en la narrativa de los depresivos mayores cabe mencionar vivencias de fracaso, incapacidad, insuficiencia, desesperanza, injusticia e inferioridad. A nivel emocional destacaran la tristeza, la culpa, el rencor y la hostilidad encubierta, mientras que a nivel pragmático aparecerán contenidos de hipersociabilidad y responsabilidad, pero también de inhibición, desmotivación, pereza y bloqueo. La relación de los depresivos con sus hijos refleja la tortura que se da entre el placer y el deber. Los cuidan con gran esmero, sometidos como están al imperativo de “hacer lo correcto”, pero esclavizados por la obligación, son incapaces de disfrutarlos en la dimensión lúdica.

JUEGOS RELACIONALES CONYUGALES.

Pocas veces por exitosa que sea la elección de pareja aleja a la sintomatología. En la pareja se busca la valoración y nutrición emocional, y desde ahí, no siempre se elige a la mejor compañía, y por eso las demás personas podrían abusar del depresivo por su necesidad de tener pareja. Como pareja se busca a alguien con características nutricias como por ejemplo: personas serias, sólidas y eficaces, que ofrecen una imagen de eventuales cuidadores ideales. Cuando se emparejan los depresivos cuidan a su persona amada llegando incluso enfrentándose a los padres de su novia. Con el tiempo ellos pueden lograr una buena relación con su suegros. Al igual que ocurre con los padres, existen muchas variantes de cónyuges de depresivos: desde el más simpático, que sobrelleva la situación de forma rayana en la heroicidad, hasta el simplemente resignado o el que resuelve los problemas eficazmente, pero desde una fría distancia.




DESARROLLO DE LA COMPLEMENTARIEDAD RÍGIDA.

Al constituirse la pareja ha habido una larga evolución, durante la que se han producido cambios importantes, y el más importante es: que se frustra el paciente al ver que, a pesar de la elección de un marido o esposa, aun siente que no tiene nutrición emocional, porque el cónyuge aunque se ve amoroso y tierno, también es una persona que presenta carencias emocionales que frustran las del paciente. El depresivo, seguramente pide demasiado y el cónyuge, quizá, se compromete en una empresa imposible. Por su parte el abnegado seudoprotector que es el cónyuge, alcanza tal posición desde la necesidad de demostrar cuanto es capaz de dar, también en algunos casos desde la necesidad de encubrir, mostrándose generoso, su propio déficit de valoración.

OTROS JUEGOS RELACIONALES.

La complementariedad rígida reduce al paciente a un estado de incapacidad progresiva, de la que sólo la misma incapacidad le permite, parcial y paradójicamente escapar. Por eso su inactividad, su retiro, su tristeza e incluso sus actos autodestructivos, constituyen su único recurso, la única manera de recuperar una cierta iniciativa relacional por ejemplo es como si dijera “tú me haces sufrir no dejándome hacer nada (o no valorando nada de lo que hago), y yo te castigo castigándome por mí incapacidad” por una parte, el cónyuge abnegado tampoco puede disimular su frustración y sufrimiento. Por último, también los hijos se ven estimulados a participar en el dispositivo de ayuda, y esto es lógico, puesto que están habituados a ver sufrir a sus padres y a sentirse obligados a hacer cuanto esté a su alcance por aliviar sus sufrimientos.

Se constituye así una especie de santa alianza trigeneracional de progenitores, cónyuges e hijos, bajo el signo de la ayuda desde posiciones de superioridad a un paciente que, desde la pasividad más amarga, ve fatalmente confirmada su condición dependiente e inferior. La mayor ironía reside en el hecho de que los padres dan ahora, a los ojos del paciente, lo que no le dieron en el momento en que realmente lo necesitaba: atención, cuidados y hasta valoración. Lo dan, sí, pero desde la perspectiva del depresivo, fracasado y sin esperanza, el beneficiario no es el hijo sino el cónyuge. El resultado no es otro que la cronificación.

Los supuestos beneficios relacionales derivados de un cierto protagonismo no alcanzan a compensar el riesgo que, para la maduración psicológica personal, supone una adultificación prematura. Esto junto a otros factores relacionales y extrarrelacionales puede resulta un predisponente para padecer en el futuro una depresión mayor.

2 Comments:

Anonymous Anonymous said...

buenìsimo!

12:20 PM

 
Anonymous Anonymous said...

This comment has been removed by a blog administrator.

12:20 PM

 

Post a Comment

Subscribe to Post Comments [Atom]

<< Home